Infinidad de fotografías son subidas a diario en las redes sociales, convirtiéndose en los nuevos archivos de imágenes de la humanidad. Reposteamos un artículo escrito por Guido Carelli Lynch y publicado en Revista Ñ sobre esta nueva manera de guardar los registros visuales.

El archivo de la humanidad. Por Guido Carelli Lynch

Siete millones de fotos subidas a la red social en sólo una hora sirven al autor para reflexionar sobre el cambio drástico del álbum familiar de las personas.

CASAMIENTO. ESE ES EL TAG –LA ETIQUETA– MÁS FAMOSO DE FLICKR, LA PLATAFORMA PARA COMPARTIR FOTOS DEL GIGANTE YAHOO! LE SIGUEN, “VIAJES” Y MARCAS DE CÁMARAS FOTOGRÁFICAS.

Entre el viernes 31 de diciembre de 2010 y el sábado 1 de enero de 2011 se subieron a Facebook 750 millones de fotos, un récord absoluto. Siete millones más se subirán en la próxima hora. Es un flujo constante, incontenible. Renunciemos, entonces, a encontrar algún denominador común en ese torrente incesante de imágenes que ilustran la Web en sus múltiples plataformas. Una afirmación demasiado concluyente es –además de pretenciosa– imposible. Pero sí vale animarse a algunas impresiones fugaces, un parpadeo en ese universo inabarcable que es Internet. El recorte es anárquico y arbitrario, y pocas cosas como la imagen atraviesan tanto a la sociedad contemporánea.

Lo primero que hay que decir para un lector desprevenido de diarios, es que el grueso de la fotografía en Internet no es propiedad de los fotologs ni de los floggers, quienes echan más luz a un dudoso capítulo de la antropología urbana adolescente que sobre las imágenes que los identifican.

Más prestigio entre los fotógrafos profesionales y los millones de aficionados que parió la invasión de las cámaras digitales, tiene Flickr.com la plataforma de Yahoo! para subir y compartir fotos. Pues bien, la cuenta totalmente gratuita tiene una limitación de por sí elocuente. La resolución máxima tolerada es de 1.024 x 768 píxeles. Hemos dado con algo. Para tener una Internet dinámica y ágil, los usuarios renunciamos a una enorme mayoría de fotos pesadas. Renunciamos a la calidad y nos quedamos con un universo de imágenes en eterna expansión. Hace cuatro años Flickr ya había superado las dos mil millones de fotos. Una reveladora declaración de principios se lee en la información que la compañía brinda sobre sí misma. “Una vez que cambies a lo digital, es demasiado fácil abrumarse con la enorme cantidad de fotos que tomas (…) con ese inquieto dedo disparador. Los álbumes (…) funcionaban bien en los días en que se revelaban los rollos de película, pero la metáfora del ‘álbum’ necesita desesperadamente jubilarse”, escribió algún publicista sin agregar que rara vez se te ocurrirá vencer la pereza para ir a imprimir esa foto que tanto te gusta en un papel digno. Ahora bien, la forma de encontrar las fotos, los nuevos álbumes son los que permiten a su vez las etiquetas . Pues bien la etiqueta más popular de este sitio no es otra que Wedding (casamiento), seguida por Travel (viaje), Nikkon y Canon. Las dos primeras son los eventos sociales que más se retratan. Las últimas corresponden a marcas de cámaras. Otra vez, encerrados entre el disparo ocasional, el exhibicionismo 2.0 (del que ya no escaparemos) y la pretensión profesional.

El escritor peruano Daniel Alarcón imaginó YouTube como el inconsciente de la humanidad. La metáfora podría hacerse extensiva a la Web con todas sus imágenes. En ese mundo inabarcable conviven el horror, lo suntuario y lo sublime.

Internet facilitó como nunca antes el trabajo colaborativo. Por citar sólo un caso, vale la experiencia de Santiago Bardotti y Gastón Silberman, que juntos idearon el proyecto www.canchas.org . El sitio web reúne potreros, las canchas más insólitas en todos los rincones del planeta. “Es para encontrar un nuevo medio de encuentro e intercambio”, dicen sus creadores. Silberman, además, es uno de los tres creadores de Proyecto cartele , otro sitio colaborativo que plasma carteles absurdos de la vía pública, siempre retratados por el ojo de un aficionado. En esa sintonía se ubica www.escritosenlacalle.com , un sitio nuevo para ver desde la Web los grafitis que circulan en Buenos Aires.

Hasta aquí, todo es cuestión de testimonios, de situaciones sociales, retratos profesionales, semiprofesionales y exhibicionismo. Ahí entra el pornosoft adolescente de los fotologs y, entre tantas, Pamella, la usuaria top de Ciudad.com (suficiente, dice el hecho de que jamás exista un usuario top hombre). Hasta aquí, el registro es casi realista y casi siempre es un retrato. Cabe preguntarse entonces qué lugar tiene la manipulación de la imagen en pleno apogeo digital, justo ahora que es tan fácil y accesible jugar con el Photoshop. Está el caso de http://thisisnthappiness.com (Esto no es felicidad). Obviemos la explicación de que se trata de un tumblr, la plataforma de moda en microblogging, ideal para imágenes. Allí el enigmático Peter Nidzgorski retoca deliberadamente las imágenes para convertirlas en herramientas de propaganda. Su activismo está dedicado principalmente a las (malas) noticias internacionales, a las paradojas de la vida occidental, y siempre tiene un tono incorrectamente político acorde al mandato 2.0 que reclama ser ingenioso, creativo, contestatario y por qué no un poco agresivo.

Thisisnthappiness.com resiste ese encasillamiento quizás porque es de los pocos que lo hace con imágenes de tan buena calidad.

La fotografía en esta siguiente etapa de la hiperreproductibilidad técnica permite que cualquier infradotado para el arte de disparar fotos, retrate una imagen, un paisaje, una historia conmovedora. Ahí hay, entre tantas, una página de Facebook para subir “las mejores fotos”, sea lo que sea que eso signifique. Como premio –más exhibicionismo– suben tu foto como imagen de perfil.

Pero pocos sitios como 9–eyes.com –otro tumblr– ilustran la insustituible capacidad del ojo humano para ver la belleza. El canadiense Jon Rafman eligió algunas fotos tomadas por las cámaras de nueve lentes con las que Google Street View viola, al azar, todas la leyes de privacidad. Rafman registra a un hombre que vomita, una pareja que pelea, policía palpando sospechosos, un caballo mugroso comiendo desechos y sábanas blancas que bailan con el viento. Las fotos de Rafman, que en realidad son de Google, son espectaculares por la misma razón por la que una foto impacta: por el encuadre, por los colores, por la composición, la geometría y las tanto menos intelectualizables intimidad y emoción. Por eso, quizás, pocas veces un usuario se equivoque al intuir que está a punto de subir una buena foto. A la neoyorquina Diane Arbus le gustaba decir que la fotografía es un secreto acerca de un secreto. “Cuanto más nos muestra, menos nos dice”, decía. El exhibicionismo quiere que las mejores sean las menos.

Se calcula que en Facebook, en apenas 20 minutos, se etiquetan alrededor de 1.300.000 fotos, y se suben 2.700.000. La única actividad que le gana a la de subir fotos (como actualizar status, compartir enlaces, enviar mensajes, solicitudes, etc) es la de “comentar”. En esos mismos 20 minutos se hacen alrededor de 10.200.000 comentarios, algo así como 30.600.000 por hora. Los númeos dicen mucho, el problema es que no sabemos exactamente qué. Tal vez sugieran que el soporte preferido en Internet continúa siendo el textual.

“La fotografía es la realidad, y el objeto real a menudo se considera inferior”, decía Sontag en el ya canónico Sobre la fotografía (1975). Entonces no existía la fotografía digital y mucho menos la Internet que conocemos hoy. Sin embargo, la sentencia tiene una vigencia espeluznante, ya que hoy lo que se retrata –como reza el eslogan del Gran Hermano televisado– pretende ser “la vida misma”. Ahí están, las fotos de casamientos, las fotos de todos los viajes, las fotos de todos nosotros, que ya ni siquiera son del todo nuestras.